martes, 1 de diciembre de 2009

Pasos...

Ya hace más de un mes que no actualizo, quizá por falta de tiempo quizá por falta de ganas. Ayer mismo me recordaron que el pobre blog lleva muerto demasiado tiempo. Y descubrí dos cosas, que el mes de noviembre ha pasado demasiado rápido y que hay gente que me lee.

Pero lo cierto es que nos estamos acercando a unas fechas señaladas: las firmas comerciales hace tiempo nos bombardean con sus campañas publicitarias y los grandes almacenes empiezan a acicalar sus fachadas para “alegrar” a los posibles compradores. Para mi en concreto es un tiempo de preparación, un tiempo de “espera activa”. Se acerca la fecha en que conmemoramos el nacimiento de nuestro Señor y hay que estar listo para recibirlo como toca. Siempre que se aproximan estas fechas, recuerdo la frase de un profesor de religión que tuve allí por mi juventud: “Cuando nació el Señor fueron a recibirlo los pastores y la gente humilde; actualmente van a recibirlo borrachos e hinchados de comida.” Puede ser considerado una exageración, pero la realidad muchas veces es que asistimos a ese nacimiento después de una, muchas veces, copiosa cena navideña; quizá no borrachos, quizá ni hinchados, pero seguro que tampoco con la humildad y el fervor con que lo hicieron esos primeros adoradores.

Este domingo pasado celebramos en la parroquia un retiro de Adviento (no se si para jóvenes o para agentes de pastoral). La experiencia a nivel general fue buena, el contenido de las actividades fue interesante y permitía profundizar; pero como siempre nos falto participación y convivencia entre todos los que allí estábamos (yo el primero que no salí del grupo que conocía).

La primera parte del retiro consistió en una reflexión sobre los pasos que vamos dando, en nuestra vida y en concreto este Adviento. Cómo estamos dando esos pasos y hacia donde los dirigimos. Se nos mostraron diferentes tipos de huellas que podemos ver en nuestro caminar diario; diferentes tipos de marcas que la gente puede ir dejando en su avanzar por la vida. A mi, a nivel personal, no me llamó la atención ninguna en concreto; como la mayoría, me identifico con casi todas las huellas: las que giran entorno a uno mismo, las que te llevan con “la manada”, las que te hacen ir rápido y sin ver lo que te rodea, las que no se distinguen casi porque tienes miedo de pisar,... pero sobretodo llego a la conclusión de que, a pesar de lo variado de mis pisadas, lo peor es que voy por el camino más torcido que puedo encontrar. Tengo claro mi objetivo, que es llegar a caminar por el sendero del amor del Señor, pero siempre me busco el camino que de más vueltas; y si me puedo perder, allí me lanzo yo. Como conclusión de esta parte me quedo con que aun me queda mucho trabajo que hacer para alcanzar ese “andar ideal”, pero sobretodo que yo solo jamás podre llegar... solo con la ayuda del Señor.

Después de un descanso para “convivir” (y compartir la “coca” de Serafina), pasamos a la segunda parte del retiro, mucho más personal. En ella se nos invito a meditar sobre tres lecturas (Is 52, 6-10; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; Lc 3, 3-14). Todas ellas nos interpelaban sobre nuestra función de evangelizadores, sobre el vivir nuestro camino desde la Palabra de Dios. Con estas lecturas llegue a evaluar el estado de mi compromiso, recordé que el camino hacia la Navidad no se construya solo sino que cada día hay que ir cimentandolo. Y para ello, una parte muy importante es la oración: la comunicación con el Señor. Sin Él todo el camino que esté construyendo no servirá de nada.

Así que durante estas fechas, toca recordar que detrás de los adornos y la “alegría navideña”, detrás de las comidas y cenas abundantes, detrás de los “lavados de conciencia” está el Señor escondido, esperando que le dejemos entrar en nuestras vidas para inundarlas de todo su AMOR.

No hay comentarios:

Publicar un comentario