martes, 19 de mayo de 2009

"Cerca" (P. Loidi)

Tú estás cerca...
Tú estás cerca
Tú estás cerca
Tú
estás
cerca.

Imposible decirtelo aprisa.
Es mucho aliento.
Despacio.
¡Hay que masticarte!
Tú estás cerca

Estás cerca siempre.
Seamos conscientes o no,
te aceptemos o no,
te lo digamos o no.
Tú estás cerca.

Cerca en las grandes zonas de la vida:
en la familia;
en el trabajo;
en el estudio;
en la diversión.
Tú estás cerca.

Cerca en los momentos fuertes,
cuando la vida galopa con frenesí:
en el descubrimiento del amor,
en la fecunda soledad del que lo dio todo,
en el sobresalto de tener un hijo,
en el hundimiento de perderlo,
en el sosiego del hogar,
en el proyecto del hogar,
en el proyecto comunitario,
en el primer trabajo,
en la enfermedad que no acaba,
en la muerte...
Tú estás cerca.

Cerca en las zonas calientes
del dolor y la lucha:
en el clamor de los parados,
en la agonía de los hambrientos,
en la oscuridad de los marginados,
en la dureza de la huelga,
en el terrorismo y en la tortura,
en el horror de la guerra,
en la mirada suplicante del que pide ayuda...
Tú estás cerca.

Cerca en las horas brillantes,
cuando la vida vence
y la muerte muere:
en el amor,
en el perdón,
en el sacrificio,
en la amistad,
en el diálogo,
en el afrontamiento,
en la sinceridad,
en la mirada limpia,
en la austeridad,
en el desprendimiento,
en la ayuda al necesitado,
en el apoyo al débil,
en el compromiso...
¡Las horas brillantes
en que abro mis puertas a los hermanos
y a Ti!
Tú estás cerca

Cerca en las horas negras
cuando la muerte la vence
y la vida muere:
en el odio, en la revancha,
en el juego sucio,
en la soberbia,
en la mentira,
en el derroche,
en la burla del sexo,
en el abuso al débil,
en la vida vacía,
en el cansancio del bien,
en la huida de la verdad...
¡Las horas negras
en que cerramos las puertas al hermano
y a Ti!
Tú estás cerca

Cerca en las horas cruciales
del combate entre el bien y el mal
cuando te digo que sí,
cuando te digo que no,
cuando no te digo nada y es que no,
cuando te miro de frente,
cuando te vuelvo la espalda,
cuando me voy contigo,
cuando me vuelvo atrás...
¡Las horas decisivas
de mi lucha interior!
Tú estás cerca
Siempre. Gratis.
A Ti no te desamina nadie...
Tú... estás... cerca...

viernes, 15 de mayo de 2009

Sobre el bautismo en Cristo...

Romanos 6, 1-11

"Entonces, ¿qué diremos? ¿Permaneceremos en el pecado para que abunde la gracia? ¡Nunca jamás! Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a seguir viviendo en él? ¿No sabéis que, al quedar unidos a Cristo mediante el bautismo, hemos quedado unidos a su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo y morimos, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en nueva vida.

Pues si hemos llegado a ser una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección parecida. Sabemos que nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; pues el que muere queda libre del pecado.

Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, la muerte ya no tiene dominio sobre él. Al morir, murió al pecado una vez para siempre; pero al vivir, vive para Dios. Así, también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en unión con Cristo Jesús."


En la anterior entrada intintamos ver que es lo que el Señor quiere de nosotros, que es lo que nos pide para alcanzar la "justificación"... En esta lectura se nos muestra un poco más de ese plan que tiene para nosotros. Nos habla de que una vez aceptado Dios en nuestra vida y tras recibir el “bautismo” quedamos unidos a Cristo; tanto en su vida como en su muerte. Al morir Él, nosostros también lo hacemos y al resucitar, nosotros lo hacemos con Él. Pero no solo a una vida más alla de la muerte terrenal, si no en nuestro día a día. Somos llamados a una vida sin pecado, a una vida plena en Cristo.

Qué fácil resulta decir todo esto. Que sencillo es visualizar una vida lejos de la tentación, una vida donde hayamos muerto al pecado y vivamos por el camino que Dios quiera. Y que complicado es, a la vez, hacerla realidad en nuesta vida. ¿Por que si “hemos muerto al pecado y renacido en una vida nueva” seguimos nadando en un mar de problemas y preocupaciones? ¿Cómo es posible que si Dios nos ha salvado ya a través de la muerte de su Hijo, sigamos sufriendo en esta realidad?¿Realmente hemos aceptado a Dios como Señor en nuestras vidas o solo lo aceptamos cuando no nos molesta?¿Como podemos llegar a aceptarlo plenamente (en el caso que ese sea nuestro deseo) si no somos capaces, si quiera, de ver lo que Él quiere de nosotros?

Cada vez son más las preguntas y más difíciles (de aceptar) las respuestas... Lo único que nos queda es seguir un ejemplo; el de tantos que antes que nosotros buscaron respuesta a todo esto y solo la encontraron en la oración...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Seguimos adelante...

Romanos 3,21-31

“Pero ahora, sin ley, se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas; justicia de Dios mediante la fe en Jesucristo, para todos los creyentes, sin distinción alguna; porque todos pecaron y están privados de la gloria de Dios; ahora son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios ha propuesto como sacrificio para que, mediante la fe, se obtenga por su sangre el perdón de los pecados. Puso de manifiesto su justicia al pasar pacientemente por alto los pecados del pasado, pero al presente la pone más aún demostrando que él es justo y es quien justifica al que tiene fe en Jesús.

¿Dónde queda el orgullo? Ha sido eliminado. ¿Por qué ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Decimos, pues, con razón, que el hombre es justificado por la fe independientemente de la ley. ¿O es que Dios es solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los paganos? Sí, también de los paganos; porque sólo hay un Dios, que justificará por la fe tanto a los circuncidados como a los no circuncidados. ¿Quiere decir esto que anulamos la ley con la fe? De ninguna manera. Al contrario, consolidamos la ley.”


¿Que es lo que San Pablo nos quiere decir con estas palabras? Pues ni más ni menos que el Señor no vino para subyugarnos con severos requisitos, si no para liberarnos con su hijo... nos esta ofreciendo una oportunidad para nuestra “justificación”, para alcanzar al salvación... y lo que nos pide no es cumplir mil y un mandamiento, ni seguir una serie interminable de rituales transcendentales... solo nos pide tener fe en Él, creer en su palabra como signo de vida... aceptarlo plenamente en nuestra vida hasta hacerlo nuestro unico y verdadero Señor... ¿Significa esto que no es necesario el cumplimiento de los mandamientos ni el servir a los demás? Y pregunto yo, ¿el tener fe absoluta en Dios, el dejarse llevar por completo por Él no trae a su vez un compromiso de servidumbre para con los demás? Así es, pero no hemos de olvidar que lo principal no es “amar a los demás como a ti mismo”, si no “amar a Dios sobre todas las cosas”.

Así se nos invita en estos dias a pensar sobre nuestra condición... ¿Priorizamos a los demás sobre Dios? ¿La razón por la que actuo es por ayudar a los demás o por amor a Dios?¿Es Dios realmente el que guia mis actos?

En la entrada anterior se nos habla de como encontrar a Dios, pero ... ¿para que lo hemos buscado?¿Lo necesitamos en nuestro dia a dia para convivir con los demás?¿O solo lo necesitamos cuando tengamos que “hacer oración”?

Al final parece que he puesto más preguntas de las que pretendia, y viendo la gente que escribe aquí no tengo muchas esperanzas de encontrar respuestas... pero ahi quedara esta “pequeña reflexión”...