viernes, 22 de enero de 2010

Isaías 61, 1-2

“El Espíritu del Señor me acompaña,
por cuanto que me ha ungido Yahvé.
Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres,
a vendar los corazones rotos,
a pregonar a los cautivos la liberación,
y a los reclusos la libertad;
a pregonar año de gracia de Yahvé
y un día de venganza de nuestro Dios;
para consolar a todos los que lloran, ...”

¿Será esto cierto? ¿Si el Espíritu del Señor nos acompaña seremos capaces de alcanzar la libertad?pero, ¿qué es la libertad y a donde nos lleva? ...

viernes, 15 de enero de 2010

"El rey que queria ser alabado" (Jorge Bucay)

"Hubo una vez un rey a quien la vanidad había vuelto loco (la vanidad siempre termina por volver loca a la gente).

Ese rey mandó construir, en los jardines de su
palacio, un templo y dentro del templo hizo poner una gran estatua de sí mismo en posición de loto.

Todas las mañanas después del desayuno, el rey iba a su templo y se postraba ante su imagen orándose a sí mismo.

Un día decidió que una religión que tuviera un solo seguidor no era una gran religión, así que pensó que debía tener más adoradores.

Decretó entonces que todos los soldados de la guardia real se postrasen ante la estatua por lo menos una vez al día. Lo mismo debían hacer todos los servidores y los ministros del reino.

Su locura crecía a medida que pasaba el tiempo y, no conforme con la sumisión de los que lo rodeaban, dispuso un día que la guardia real fuera al mercado y trajera a las tres primeras personas con las que se cruzaran.

Con ellas, pensó, demostraré la fuerza de la fe en mí. Les pediré que se inclinen ante mi imagen. Si son sabios, lo harán y si no, no merecen vivir.

La guardia fue al mercado y trajo a un intelectual, a un sacerdote y a un mendigo que eran, en efecto, las tres primeras personas que encontraron.

Los tres fueron conducidos al templo y allí el rey les dijo:

—Esta es la imagen del único y verdadero Dios, postraos ante ella o vuestras vidas serán ofrecidas como sacrificio ante él.

El intelectual dijo:

—El rey está loco y me matará si no me inclino. Este es evidentemente un caso de fuerza mayor. Nadie podría juzgar mal mi actitud a luz de que fue hecha sin convicción, para salvar mi vida y en función de la sociedad a la cual me debo –y dicho esto se postró ante la imagen.

El sacerdote dijo:.—El rey ha enloquecido y cumplirá su amenaza. Yo soy un elegido del verdadero Dios y por lo tanto, mis actos espirituales santifican el lugar donde esté. No importa cuál sea la imagen, será el verdadero Dios aquel a quien yo esté honrando.

Y se arrodilló.

Llegó el turno del mendigo, que no hacía ningún movimiento.

—Arrodíllate –dijo el rey.

—Majestad, yo no me debo al pueblo, que en realidad la mayor parte de las veces me corre a patadas de los umbrales de sus casas. Tampoco soy el elegido de nadie, salvo de los pocos piojos que sobreviven en mi cabeza. Yo no sé juzgar a nadie ni puedo santificar ninguna imagen; y en cuanto a mi vida, no creo que sea un bien tan preciado como para hacer ridiculeces para conservarla... Por lo tanto, mi señor, no encuentro ningun razón valedera para arrodillarme aquí...

Dicen que la respuesta del mendigo conmovió tanto al rey, que este se iluminó y comenzó a revisar sus propia posturas.

Sólo por ello, cuenta la leyenda, el rey se curó y mandó reemplazar el templo por una fuente y la estatua por enormes canteros con flores."

miércoles, 13 de enero de 2010

JuvAm '09

Un poco con retraso, voy a subir una pequeña reflexión sobre la convivencia del JuvAm a la que fui el 5-6-7 de diciembre...

"La primera semana de Diciembre, un grupo de jóvenes nos congregamos en Godella para convivir unos días buscando la experiencia de Dios. Bajo la denominación de Juvam, nos encontramos gente de diferentes edades y comunidades; algunos se conocían, otros eramos nuevos; pero todos con ganas de un encuentro con el Señor, como grupo y personal. Durante tres días intentamos con nuestras experiencias, nuestras reflexiones y la guía de Estela (“terciara capuchina”) buscar lo que el Señor tiene para nosotros; o al menos vislumbrarlo.

Cuando nos juntamos buscábamos una experiencia de Dios en nuestras vidas y nos encontramos frente a un evangelio, el de Lucas, aparentemente conocido por todos; muchas de sus lecturas habían sido escuchadas, trabajadas e incluso reflexionadas... pero descubrimos que el Señor siempre nos habla de forma diferente con el mismo texto. Gracias a la mejor comprensión del sentido que Lucas le otorga a sus palabras, a las orientaciones recibidas, a nuestras propias experiencias,... despertamos a una significación mucho más profunda de lo que el Señor, a través del evangelista no quiere indicar. Como se produce el cambio en los apóstoles desde el mismo momento en que son llamados, pasando de la desconfianza al miedo y a la plena aceptación de Jesús en sus vidas (Lc 5, 1-11); como el propio Jesús nos indica el camino que tiene, tanto para él como para nosotros (Lc 4, 16-30); como el Señor nos viene buscando a todos sin distinción de clase, genero o “pasado” (Lc 15, 11-32).

Igualmente, las oraciones que tuvimos tanto por la mañana como por la noche supusieron incentivos para exponer en ellas las dudas y las vivencias de muchos. A través de la lectura del evangelio y de las palabras de San Francisco de Asís se le ofreció al grupo un espacio para compartir que fue muy gratamente aprovechado por la mayoría de los participantes. Durante las oraciones se pudo vislumbrar de una forma más profunda la presencia de Dios entre nosotros.

Todo esto no nos llevó a un encuentro directo a con Dios, pero si a ponernos en camino para encontrarlo, unas guías que nos ayuden a saber buscarlo, a poder encontrarlo tanto en lo nuevo como en lo ya conocido, a poder descubrirlo y dejarle hacer en nuestra vida... siempre que estemos dispuestos a ello."

martes, 5 de enero de 2010

Los reyes magos

Hoy es el dia; hay quien no para de recordarme que "hay que se bueno porque nos estan vigilando"; "porque los Reyes Magos estan comprobando lo bueno/a que eres para traerte regalos"... Hace no mucho descubrí esta entreañable historia que hoy comparto aquí.

La verdad sobre los Reyes Magos

Apenas su padre se había sentado, al llegar a casa, dispuesto a escuchar como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta, en voz baja, como con miedo, le dijo:«¿Papá?»

–Sí, hija, cuéntame.

–«Oye, quiero… que me digas la verdad».
–Claro, hija. Siempre te la digo, respondió el padre un poco sorprendido.

–«Es que…», titubeó Cristina.

–Dime, hija, dime.

–«Papá, ¿existen los Reyes Magos?»

El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
–«Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?»


La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña, y tragando saliva le dijo:
–¿Y tú qué crees, hija?

–«Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado, me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso».

–Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
–«Entonces es verdad?–cortó la niña con los ojos humedecidos–. ¡Me habéis engañado!»
–No, mira, nunca te hemos engañado, porque los Reyes Magos sí que existen, respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
–«Entonces no lo entiendo, papá».

–Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar, porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla, dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.Cristina se sentó entre sus padres, ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
–Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente, guiados por una gran estrella, se acercaron al Portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:“¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían”. “¡Oh, sí! –exclamó Gaspar–. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo”. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: “Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito…” Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió, y la voz de Dios se escuchó en el Portal:“Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?” “¡Oh, Señor! –dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas–. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos”. “No os preocupéis por eso –dijo Dios–. Yo os voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo”. “¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible?”, dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración. “Decidme, ¿no es verdad que los pajes deberían querer mucho a los niños y conocer muy bien sus deseos?”, preguntó Dios. “Sí, claro, eso es fundamental”, asintieron los tres Reyes. “Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?” Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:“Puesto que así lo habéis querido y para que, en nombre de los tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que, en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte, regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y, a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del belén, recordarán que, gracias a los tres Reyes Magos todos son más felices”.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó, y dando un beso a sus padres dijo:
–«Ahora sí que lo entiendo todo, papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado».

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano, mientras decía: –«No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero», y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.


Que paseis un buen día de reyes con los que os quieren y que os traigan mucho de lo que de verdad necesiteis...