“El murciélago es una criatura muy rara. Cuando extiende sus alas y vuela se parece a un ave. Cuando las cierra y se esconde en su cubil se parece a un ratón. Refiere Esopo que allá en una antigüedad muy remota se desató una guerra entre las aves y los demás animales. El murciélago, que era muy cobarde, ideó un truco para evadir el tener que ir a la guerra. Cuando se encontraba con las aves abría sus alas y volaba pareciendo un pájaro. Cuando se encontraba con los animales las cerraba y se hacía aparecer como uno de ellos. Lo inevitable sucedió. Las aves pronto descubrieron que en realidad él no era un pájaro. Los animales a su vez decidieron que él no era uno de ellos. Tanto los unos como los otros arremetieron contra él. Y desde entonces, según Esopo, el murciélago teme salir a la claridad y es por eso que hace sus correrías de noche. “
Dos caras... Que fácil es “camuflarse” para lidiar con las dificultades, para escoger caminos más sencillos o más cómodos. Que sencillo es dejarse llevar por el “entorno” cuando te ofrece una “realidad” utópica mucho más agradable que la propia. Y, a su ves, que complicado es mantener la cordura cuando hasta uno mismo se estimula en caminos erróneos.
A la larga, se acaba como el murciélago; con dos caras muy diferenciadas. Con una cara para el diario y otra para la privacidad. Por momentos un roedor que mendiga a los demás, por otros una ave que busca alcanzar cotas más altas. Pero con miedo de mostrar en el momento erróneo la cara equivocada.
La realidad debería ser muy diferente; debería consistir en ser lo que uno mismo es, sin dobleces... sin “cabezonerias” pero sin “chaqueterismos” (aceptando las correcciones pero no sin razón). Mantener la coherencia de vida sin condicionamientos externos de ningún tipo pero tampoco sin aislarse; sino siendo parte individual y a la vez colectiva de todo tu entorno. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que esté en los cielos” (Mt 5, 16)
Estos último días me he dado cuenta de algunas cosas, entre ellas que cada vez me dejo más en manos del entorno y olvido lo que de verdad ha de “guiarme”, lo que me hace crecer y ser lo que “estoy llamado” a ser... Es hora de dejar “bellas utopías” y de centrarse en lo que realmente puede aportar algo, tanto a mi como a los demás...
Dos caras... Que fácil es “camuflarse” para lidiar con las dificultades, para escoger caminos más sencillos o más cómodos. Que sencillo es dejarse llevar por el “entorno” cuando te ofrece una “realidad” utópica mucho más agradable que la propia. Y, a su ves, que complicado es mantener la cordura cuando hasta uno mismo se estimula en caminos erróneos.
A la larga, se acaba como el murciélago; con dos caras muy diferenciadas. Con una cara para el diario y otra para la privacidad. Por momentos un roedor que mendiga a los demás, por otros una ave que busca alcanzar cotas más altas. Pero con miedo de mostrar en el momento erróneo la cara equivocada.
La realidad debería ser muy diferente; debería consistir en ser lo que uno mismo es, sin dobleces... sin “cabezonerias” pero sin “chaqueterismos” (aceptando las correcciones pero no sin razón). Mantener la coherencia de vida sin condicionamientos externos de ningún tipo pero tampoco sin aislarse; sino siendo parte individual y a la vez colectiva de todo tu entorno. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que esté en los cielos” (Mt 5, 16)
Estos último días me he dado cuenta de algunas cosas, entre ellas que cada vez me dejo más en manos del entorno y olvido lo que de verdad ha de “guiarme”, lo que me hace crecer y ser lo que “estoy llamado” a ser... Es hora de dejar “bellas utopías” y de centrarse en lo que realmente puede aportar algo, tanto a mi como a los demás...