"Hermanos, os ruego, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios; éste es el culto que debéis ofrecer. Y no os acomodéis a este mundo; al contrario, transformaos y renovad vuestro interior para que sepáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
En virtud de la misión que Dios me ha encomendado, os digo a cada uno de vosotros que no se tenga en más de lo que debe tenerse, sino que procure pensar siempre de sí con sencillez, conforme a la fe que Dios le haya dado. Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función, así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo y somos todos miembros unos de otros. Pero tenemos carismas diferentes, según lo que Dios ha querido dar a cada uno; el que tenga el carisma de la profecía, que lo ejerza conforme a la fe; el que tenga el de servicio a los demás, que les sirva bien; el que tenga el de enseñar, que se dedique a la enseñanza; el que tenga el de exhortar, que se dedique a exhortar; el que tiene el de repartir limosna, que reparta con generosidad; el que tiene el de presidir, que presida con seriedad; el que hace obras de misericordia, que las haga con alegría."
En la anterior entrada se nos mostraba una historia sobre lo bonito que puede resultar un corazón entregado a los demás; un corazón que se entrega sin restricciones, sin miedo a la pérdida... Hoy, con esta lectura de San Pablo, se nos muestra que esa entrega no debe ser vana; no es un entregarse por que sí, sino un entregarse por el Señor. Él nos ha dado una serie de “dones”, no para nuestra gloria.. sino para que en comunión con los demás podamos “usarlos” y seguir así lo que Dios tiene para nosotros.
Se nos invita una vez más a la caridad, pero a una caridad humana; se nos invita a una caridad para con nuestros semejantes desde el mismo fondo de nuestro ser... una entrega desde el Señor.
En virtud de la misión que Dios me ha encomendado, os digo a cada uno de vosotros que no se tenga en más de lo que debe tenerse, sino que procure pensar siempre de sí con sencillez, conforme a la fe que Dios le haya dado. Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función, así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo y somos todos miembros unos de otros. Pero tenemos carismas diferentes, según lo que Dios ha querido dar a cada uno; el que tenga el carisma de la profecía, que lo ejerza conforme a la fe; el que tenga el de servicio a los demás, que les sirva bien; el que tenga el de enseñar, que se dedique a la enseñanza; el que tenga el de exhortar, que se dedique a exhortar; el que tiene el de repartir limosna, que reparta con generosidad; el que tiene el de presidir, que presida con seriedad; el que hace obras de misericordia, que las haga con alegría."
En la anterior entrada se nos mostraba una historia sobre lo bonito que puede resultar un corazón entregado a los demás; un corazón que se entrega sin restricciones, sin miedo a la pérdida... Hoy, con esta lectura de San Pablo, se nos muestra que esa entrega no debe ser vana; no es un entregarse por que sí, sino un entregarse por el Señor. Él nos ha dado una serie de “dones”, no para nuestra gloria.. sino para que en comunión con los demás podamos “usarlos” y seguir así lo que Dios tiene para nosotros.
Se nos invita una vez más a la caridad, pero a una caridad humana; se nos invita a una caridad para con nuestros semejantes desde el mismo fondo de nuestro ser... una entrega desde el Señor.
